En China, a orillas del lago Lugu, las hijas son bien recibidas. Se las considera un regalo que hace a la familia más grande y poderosa. Entre las provincias de Yunnan y Suchuan viven los mosuo, una comunidad democrática de alrededor de 30.000 personas formada por clanes de mujeres que gobiernan por tradición. Allí los hombres se sienten libres y la relación con la familia es lo más importante.

Yarerima Weng, la matriarca de la familia, distribuye las tareas según la inteligencia y habilidad de cada miembro del linaje. Ahora son las fiestas del Año Nuevo, descansa sentada al sol, y hay poco que hacer en el campo. Pronto deberá ocuparse de sembrar el trigo, el maíz y el arroz en los 30 mu (2 ha) de terreno. Pero ahora, en la pequeña aldea de Wenwan todo está tranquilo. Incluso el búfalo de agua que llevará el arado pace manso a pocos metros.

Ella tiene dos hijas, dos hijos y cuatro nietas. Y como dice Yarerima, «si en una familia hay ocho hijos y seis son hijas, seguro que va a haber mucha armonía». Filosofía que contrasta con la política de control de natalidad, conocida como política del hijo único, aplicada por el gobierno de Mao Tse Tung entre los años 1972 y 2011.

El hogar es el núcleo desde donde se organiza la economía, el trabajo y la estructura social. La matriarca es una figura querida por todas y por todos. Se la respeta por su sabiduría y la autoridad que posee se basa en ella. Dentro de la familia se la escoge en función de sus cualidades y competencias, no por su edad y otras consideraciones de carácter hereditario o permanente.

Se establece así una autoridad maternal que aconseja, decide y guía. Este poder no es buscado ni especialmente querido, se vive como una forma natural de ser y de estar. En todas las casas hay un gran fuego en el suelo y cada día, la matriarca ofrece un poco de comida a los antepasados.

No existe la figura del marido. Las mujeres se unen por amor con hombres que las visitan de noche. Los padres no tienen ninguna responsabilidad sobre los hijos, que vivirán siempre en el clan materno. Durante las visitas de amor se entablan relaciones amorosas de una manera natural y libre: la mujer posee una habitación en la casa donde habita con su clan, y en ella queda con su enamorado o el hombre que le gusta. Es una relación secreta y nocturna, de día los amantes se diluyen, no está bien visto estar juntos, ni cogerse de la mano.

Son relaciones espontáneas donde se establecen lazos de afecto que pueden durar días o varios años. La familia no interviene para nada en la elección de la pareja. Recuerdo la impresión que me causaron las costumbres de esta sociedad donde no existen maridos y los padres son respetados pero no influyen en la organización social ni en la economía de los grupos matriarcales.

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