La comunidad quero y la comunidad huilloc son de las últimas sociedades andinas incas que habitan en Cuzco, Perú. La cultura inca consideraba que la tierra, la naturaleza, los animales, el cielo y los hombres vivían relacionados en profunda armonía. Todo tiene su espíritu y es sagrado. De ahí su panteón divino: Viracocha es considerado como la luz originaria, Mama Quilla es la madre luna o madre del cielo, Pacha Mama la madre tierra y la fuente femenina de la que proviene el mundo material, Mama Sara la madre del maíz o del alimento, Inti el padre sol, Illapa el dios del rayo y Mama Cocha la diosa de las aguas.

Cuando los invasores españoles ocuparon Cuzco, las mujeres y los hombres quero huyeron a las montañas más altas de los Andes para preservar su cultura inca. Crearon la nación quero, una comunidad basada en el ayllu (casa-familia), que es la energía comunal de carácter femenino masculino en un equilibrio casi perfecto. La energía femenina se llama ignnassinti y la masculina yanantin. En esta sociedad hombre y mujer ejercen su autoridad de mutuo acuerdo. Ambos son complementarios.

Lorenzo Quispe y Lucía Machacca son introvertidos, viven dentro de sí mismos, con la mirada puesta en el corazón. Los dos son chamanes y a veces hacen sus rituales juntos. Cuando Lorenzo conoció a Lucía le dijo munaquiki (te quiero) y Lucía le contestó que vivirían juntos… Así pasaron dos años conociéndose en cuerpo y alma. Después se casaron por el ritual andino y Lucía le entregó una mantita como si fuera su corazón y Lorenzo un chupi para guarecerse, en un intercambio de amor profundo.

La cultura quero es muy antigua y el residuo cultural de su escritura se expresa mediante los tapices familiares que tejen las mujeres y que dibujan rituales, llamitas, flores, cóndores, pumas… Cada familia tiene sus dibujos. Los hombres tejen gorras de lana de alpaca y sogas.

De etnia quechua, estructuran su vida en la profunda relación con la pachamama y los aphus, los espíritus de las montañas masculino-femeninos, y los del agua, de los árboles, de las rocas… y con la energía creadora. Reconocen la esencia espiritual de la naturaleza y se comunican con ella con gran respeto. En el pueblo quero existen hombres y mujeres chamanes, guardianes de la salud, que curan con hierbas rituales, también hacen ofrendas, ceremonias de limpieza, matrimonios andinos, resuelven problemas y aconsejan por medio de la interpretación de las hojas de coca. Se invoca al alma y se agradecen los dones de la tierra.

La nación quero tiene territorio propio en las altas montañas de Ausangate, a más de 3.600 m de altura. Allí, el aire limpio te purifica. Al inhalarlo se pide a la madre tierra y a las energías del universo lo que necesitas, y al exhalarlo lo que podemos dar. Es una respiración amorosa, de calma y paz. La tierra es comunitaria. Entre la comunidad quero no hay clases sociales. Tienen una economía auto-suficiente. Viven de la chacra (tierra), que da papa, moraya o chuño, y del rendimiento de las llamas y las alpacas, con la leche que producen y su lana. También de la venta de sus tejidos.

Una vez al año se celebra la asamblea popular formada por hombres y mujeres, que se ocupa de solucionar los problemas de la población y hablar de los temas importantes. También se realizan otras asambleas comunitarias para decidir la siembra y el trabajo en grupo. En los cargos municipales hombres y mujeres se reparten las obligaciones y el gobierno por igual. La población es de unas 3.800 personas agrupadas en seis comunidades: Chua Chua, Chalmachimpana, Collpakucho, Charcapata, Jatomromillo y Ccochamoko.

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